El siglo XIX, en lo que respecta al pensamiento filosófico, es un momento apasionante. Al principio, aún resuenan los ecos del pensamiento kantiano en el Idealismo Alemán, vinculado al movimiento cultural del Romanticismo. Pero poco a poco, se empieza a plantear una forma peculiar de pensamiento filosófico: el pensamiento comprometido. Así, Ludwig Feuerbach, John Stuart Mill o los grandes filósofos de la sospecha (Karl Marx, Friedrich Nietzsche y Sigmund Freud) muestran que ya no basta con contemplar el universo desde una torre de marfil, sino que hay que transformar esta realidad a través del pensamiento y del compromiso.